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Existe mucho material informativo sobre temas médicos destinados al público profesional que, con bastante frecuencia y de manera errónea, ponen un mayor énfasis en un órgano específico sin explicar de manera eficaz la compleja relación con el resto del cuerpo humano. Los órganos que suelen mencionarse con más frecuencia son el cerebro, el corazón y los pulmones, que están afectados por varias enfermedades que requieren un diagnóstico y un tratamiento a tiempo.

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El oxígeno es uno de los requisitos básicos para la vida, por lo que tiene sentido hacer hincapié en la importancia de una función pulmonar adecuada para sustentar la vida. No obstante, como ocurre con prácticamente cualquier órgano del cuerpo humano, pueden darse muchas condiciones y factores de riesgo que comprometen el buen funcionamiento de este órgano. El factor más significativo es, naturalmente, el tabaquismo.

A pesar de la existencia de numerosas campañas de concienciación y multitud de investigaciones exhaustivas sobre los riesgos que el consumo de tabaco supone para la salud, siguen existiendo numerosos fumadores activos en todo el mundo (la estimación era de 1100 millones en 2015) [1]. Afortunadamente, esta cifra está disminuyendo, pero a un ritmo muy lento, lo que expone a muchas personas a un riesgo considerablemente superior de sufrir cáncer de pulmón y de otro tipo, así como a padecer enfermedades cardiovasculares (ECV) y una función pulmonar disminuida en general [1, 2, 3, 4].

El cese del consumo de tabaco o su abstención es una forma efectiva de prevenir o de reducir en gran medida la mayoría de sus efectos nocivos [5, 6, 7]. No obstante, las afecciones pulmonares relacionadas con el tabaco no son las únicas enfermedades que afectan al sistema respiratorio ni las más graves, ya que existen muchas más.

Por ejemplo, una enfermedad respiratoria inflamatoria crónica bastante común es el asma, que afectó a 358 millones de personas en 2015 y que se manifiesta en forma de dificultad para respirar, respiración sibilante, tos y presión en el pecho [8]. Pueden observarse síntomas sumamente similares o prácticamente idénticos en los enfermos de bronquitis aguda, que constituye una afección muy común [9, 10, 11], aunque algunos casos de bronquitis pueden evolucionar a enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cuyo pronóstico es mucho peor [12].

Algunos de estos síntomas, tales como la presión en el pecho, también pueden ser indicio de posibles enfermedades cardiovasculares, como la enfermedad arterial coronaria (EAC) o incluso el infarto de miocardio (IM). El malestar localizado en el pecho no es, obviamente, el único síntoma típico de la EAC, la más mortal de las ECV, que, solo en 2016, fue la causa de 9,43 millones de muertes [13, 14]. Pero ¿cómo puede diferenciarse entre estas afecciones y los problemas respiratorios?

Una de las respuestas es, sin lugar a dudas, la espirometría, la más habitual de las pruebas de función pulmonar (PFP) y la que se utiliza cada vez más en la medicina general, al menos para diagnósticos preliminares. La espirometría es adecuada para diagnosticar y evaluar la gravedad del asma —ya que permite diferenciar entre enfermedades pulmonares obstructivas y restrictivas, identificando de este modo a las personas con riesgo de desarrollar barotraumatismo pulmonar—, y para seguir sencillamente el historial natural de la enfermedad en el caso de las afecciones respiratorias [15, 16, 17]. Al igual que ocurre con muchos otros métodos diagnósticos no invasivos, la espirometría suele ser segura, aunque los ejercicios espiratorios forzados que forman parte del procedimiento pueden desencadenar algunas afecciones preexistentes. Algunas de ellas son apenas perceptibles en el momento de la realización de las posibles pruebas espirométricas; sin embargo, es muy probable que estén registradas en el historial médico del paciente. La transferencia fácil, rápida y rastreable del historial médico físico, así como su uso compartido, sin perderlo ni traspapelarlo es una mera ilusión, aunque no puede decirse lo mismo del historial médico electrónico, que ofrece muchas otras ventajas [19, 20, 21, 22]. De hecho, este último resulta incluso más útil si puede consultarse en el propio dispositivo de diagnóstico.

La herramienta de diagnóstico MESI mTABLET SPIRO

El dispositivo de diagnóstico para espirometría se denomina adecuadamente espirómetro, del que existen muchos tipos diferentes, desde dispositivos sencillos hasta aparatos grandes y complejos diseñados para una evaluación exhaustiva de los problemas pulmonares. MESI mTABLET SPIRO es uno de estos ejemplos, ya que utiliza una tecnología de diagnóstico avanzada que elimina la necesidad de calibración tradicional. Los procesos internos avanzados también quedan reflejados en el práctico tamaño de la unidad de diagnóstico, que admite todas las mediciones estándar, funciona con baterías y se conecta de forma inalámbrica a la unidad de diagnóstico principal, es decir, MESI mTABLET. Su sistema integrado de uso compartido y gestión de historiales médicos electrónicos, denominado MESI mRECORDS, permite introducir automáticamente resultados de espirometría en el historial médico electrónico del paciente, así como hojear fácilmente y compartir de forma fluida datos y resultados de espirometría con otros profesionales sanitarios, aunque no sean usuarios de MESI mTABLET.

La espirometría es un método de diagnóstico esencial que debería estar disponible en la consulta de todo médico de cabecera. Hay disponibles muchos tipos diferentes de espirómetros, pero ninguno es tan versátil ni fácil de usar como MESI mTABLET SPIRO. Este dispositivo puede actualizarse fácilmente para llevar a cabo varias pruebas diagnósticas, dotando al médico de una herramienta para la evaluación exhaustiva de la salud de un paciente en general que va más allá del simple diagnóstico de posibles problemas pulmonares.