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Un diagnóstico preciso de la enfermedad arterial periférica (EAP) puede ser una tarea compleja, incluso para médicos avezados con muchos años de experiencia práctica. Esta afirmación solo es cierta si se utiliza un examen médico o un método similar, en lugar de dispositivos de diagnóstico modernos, que ofrecen una precisión y una fiabilidad excepcionales en comparación con el antes mencionado método «práctico». Sin embargo, no todas las herramientas de diagnóstico son iguales.

La prevalencia de la EAP está aumentando rápidamente; se estima que, en 2015, la enfermedad afectó a 236 millones de pacientes, desde los 202 millones de 2010, y se espera que esta tendencia continúe [1, 2]. Obviamente, este dato no debería sorprendernos, ya que la EAP comparte muchos de los factores de riesgo asociados a otras enfermedades cardiovasculares (ECV), concretamente la enfermedad arterial coronaria (EAC), la más mortífera de las ECV. La principal fisiopatología subyacente es la misma: la aterosclerosis.

Uno de los factores de riesgo más importantes de la aterosclerosis es la diabetes, que, como cabe esperar, afecta a muchos pacientes que sufren de EAP. Al menos, el 20 % de todos los pacientes con diabetes también sufren de EAP, pero esta cifra es engañosa, ya que solo incluye a aquellos individuos con una forma sintomática de la enfermedad [4]. Solo el 10 % de los pacientes con EAP, aproximadamente, presenta síntomas típicos (claudicación intermitente), el 40 % es totalmente asintomático y el resto (50 %) muestra síntomas típicos que podrían atribuirse a otras enfermedades [5, 6]. Los diabéticos corren mayor riesgo de padecer claudicación intermitente: los hombres tienen un riesgo 3,5 veces superior, mientras que, en el caso de las mujeres, el riesgo es 8,6 veces superior si esta prevalencia se compara con la de las personas no diabéticas de los respectivos sexos [7].

Los efectos nocivos de la diabetes en la EAP no terminan aquí. De forma específica, la diabetes mellitus está estrechamente relacionada con la forma avanzada más grave de la EAP, es decir, la isquemia crítica del miembro (ICM). Los índices de prevalencia de la diabetes en pacientes con ICM llegan al 50 %, y estas personas tienen pronósticos más desalentadores en lo que respecta a amputaciones de las extremidades inferiores y mortalidad que las no diabéticas [8, 9, 10]. Los pacientes con ambas enfermedades presentan, por lo general, un riesgo considerablemente superior (entre 5 y 15 veces) que los que solo sufren de EAP [11]. El diagnóstico de la ICM por sí mismo está asociado a unos índices de amputación y de mortalidad sumamente altos [12, 13, 14, 15, 16].

La diabetes puede ser una afección especialmente difícil de tratar y de controlar, pero esto mismo no puede decirse de muchos otros factores de riesgo de la EAP, lo que disminuye considerablemente la incidencia y la gravedad de la enfermedad. El tabaquismo es un claro ejemplo, tanto porque es el segundo factor de riesgo más importante como porque sus efectos nocivos pueden reducirse considerablemente o por completo si el paciente pone de su parte para dejar este hábito y recibe la ayuda adecuada. El consumo de tabaco aumenta en gran medida el riesgo de padecer EAP, especialmente entre las mujeres fumadoras, cuyo riesgo es 20 veces superior al de las mujeres que nunca han fumado [17, 18]. Dejar de fumar es altamente beneficioso por muchas otras razones, además de para reducir el riesgo de padecer ECV, pero sigue quedando un riesgo residual en el caso de los pacientes con EAP: los exfumadores presentan un riesgo 2,6 veces superior al de aquellas personas que nunca han fumado [19].

Otros factores de riesgo notables incluyen la enfermedad renal crónica (ERC), la EAC y un historial de enfermedad cerebrovascular, ataques isquémicos transitorios (AIT) e infarto de miocardio (IM) [20, 21, 22, 23, 24, 25, 26]. También están en riesgo las personas que padecen hiperlipidemia, hipertensión, un peso poco saludable y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), y que cuentan con un historial familiar de EAP [27, 28, 29, 30, 31].

No obstante, un método de tratamiento adecuado solo puede formularse después de que se haya realizado un diagnóstico definitivo. Un examen físico es una posibilidad, pero no resulta fiable, especialmente si la persona que lo realiza es un examinador sin formación [32]. Un método de diagnóstico infinitamente mejor es la angiografía, que es extremadamente preciso, pero resulta complejo, lleva mucho tiempo y es costoso, además de que incluso puede ser inapropiado para algunos pacientes [33, 34]. La segunda mejor opción es la evaluación del ITB, que puede realizarse de varias formas.

La herramienta de diagnóstico mTABLET ABI

El método de diagnóstico estándar para detectar la EAP y evaluar su gravedad es el método Doppler, que conlleva el uso de una sonda Doppler y de un tensiómetro: el examinador mide la tensión arterial sistólica (TAS) en la parte superior del brazo (arteria braquial) y en el tobillo (arteria tibial y dorsal del pie), y calcula manualmente el ITB. Se trata de un procedimiento de diagnóstico relativamente sencillo, pero cuya precisión se basa en la pericia y en la experiencia del examinador [35]. Su realización también lleva un tiempo considerable, hasta 30 minutos, en comparación con el minuto que tarda un dispositivo oscilométrico-pletismográfico mucho más versátil [36, 37]. No obstante, hay disponibles dispositivos más versátiles aún mejores.

MESI mTABLET ABIes el ejemplo perfecto, ya que ofrece mucho más que un simple diagnóstico preciso y una evaluación de la EAP. Este dispositivo combina el módulo de diagnóstico del ITB con la interfaz de usuario interactiva de MESI mTABLET e incluye compatibilidad integrada con el sistema de uso compartido y gestión de historiales médicos electrónicos, dotando de esta forma a los médicos y a otros profesionales sanitarios de una potente herramienta en su batalla contra la EAP. Además, los esfigmomanómetros del módulo de diagnóstico del ITB están conectados de forma inalámbrica a MESI mTABLET para un uso aún más sencillo. La facilidad de uso de esta herramienta de diagnóstico solo es equiparable a la tecnología avanzada incorporada, incluida la tecnología 3CUFF™, que permite la medición simultánea de la presión braquial y del tobillo, y el algoritmo PADsense™ para la detección de la EAP grave, que suele pasar desapercibida en otros dispositivos similares disponibles en el mercado.  

Existen muchos dispositivos de diagnóstico para detectar la EAP, pero pocos, o ninguno de ellos, son tan versátiles como MESI mTABLET ABI. Este dispositivo ofrece una evaluación precisa del ITB y permite guardar al instante los resultados en el historial médico electrónico del paciente, además de compartir datos de forma rápida y sencilla con otros profesionales sanitarios.