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Las enfermedades cardiovasculares (ECV) suelen caracterizarse como insidiosas porque no suelen presentar síntomas hasta que ya se encuentran en una fase avanzada y son difíciles de tratar y gestionar. Podríamos decir lo mismo para el cáncer y muchas otras afecciones médicas, pero pocas presentan complicaciones tan graves que puedan poner en peligro la vida. El infarto de miocardio (IM) es un buen ejemplo por varios motivos.

Ya sabemos que el IM puede ser asintomático en hasta el 68 % de los casos y que las mujeres no suelen tener dolor en el pecho frente a los hombres, que sí lo tienen (y suelen reconocerlo como uno de los síntomas tradicionales de la presencia de problemas cardíacos) [1, 2, 3]. Además, los estudios indican que la mayoría de pacientes mujeres con IM tienen síntomas prodrómicos que los médicos suelen pasar por alto, y este hecho es uno de los motivos por los que las mujeres tienen índices más altos de muerte cardíaca repentina (MCR) que los hombres [4, 5]. Por consiguiente, podríamos decir que este hecho se traduce en índices de mortalidad más altos para las mujeres, incluso en países desarrollados como Estados Unidos, donde la enfermedad cardíaca fue la causa de muerte para 299.578 mujeres en 2017 (1 de cada 5 muertes de mujeres) [6].

Las mujeres también salen peor paradas en casos de diagnóstico incorrecto de IM agudo: las mujeres con un diagnóstico final de infarto del miocardio con elevación del segmento ST (IMEST) tuvieron una probabilidad de diagnóstico incorrecto un 59 % mayor (en la primera exploración), y las mujeres con un diagnóstico final de infarto de miocardio sin elevación del segmento ST (IMSEST) tuvieron una probabilidad un 41 % mayor que los hombres [7].

Pero, ¿por qué estamos ni tan siquiera señalando el IM como un indicador importante de morbilidad y mortalidad en detrimento de otras afecciones cardiovasculares como la enfermedad arterial periférica (EAP), que también suele ser asintomática? El motivo se encuentra en el peligro que entraña esta afección para el paciente y los factores de riesgo que pueden no ser evidentes en el momento del diagnóstico: no están escritos en la historia clínica del paciente o el médico de emergencias no los detecta al examinar a un paciente con posible IM. Cualquier error puede tener consecuencias muy graves, incluso el error más leve (diagnóstico erróneo) por parte del médico examinador que, en lugar de derivar inmediatamente al paciente a un cardiólogo o un cirujano vascular, degrada el estado de urgencia del paciente.

Esta idea está respaldada por las conclusiones de varios estudios que analizaron los índices de diagnóstico erróneo de IM, sus causas y los resultados de las reclamaciones por negligencia de la práctica médica asociadas. Un estudio detallado de una reclamación por negligencia médica cerrada con IM identificó tres factores principales que contribuyeron a ganar la demanda: diagnóstico erróneo de IM en pacientes con dolor de pecho y factores de riesgo arterial coronario conocidos, no realizar una evaluación cuidadosa en los pacientes con sospecha de EAC y no administrar el tratamiento indicado (para detener la progresión de la enfermedad) [8].

Otro estudio concluyó que un diagnóstico no realizado de IM puede ser tan perjudicial (a nivel legal/financiero) como un diagnóstico erróneo y señaló otros motivos, incluida la falta de petición de pruebas para el diagnóstico, una mala interpretación de las pruebas de diagnóstico e (interesantemente) la corta edad de los pacientes [9]. Las conclusiones de un análisis sobre infartos de miocardio agudos pasados por alto en varios departamentos de emergencias de hospitales en Ontario, Canadá, también resultaron reveladoras, principalmente el hecho de que los departamentos de emergencias con menos volumen de pacientes tenían el doble de casos de diagnósticos no realizados de infarto de miocardio agudo que los departamentos con un alto volumen de pacientes. Una de las soluciones propuestas (por parte de los investigadores) fue la utilización de la telemedicina para mejorar el acceso a consultores independientes especializados [10].

La línea roja que conecta los estudios mencionados y que se hace evidente si leemos entre líneas, es la necesidad de contar con un repositorio centralizado de todos los datos de los pacientes, como un historial médico (en papel), pero uno que pueda compartirse fácilmente y casi al instante con los profesionales médicos seleccionados donde y cuando sea necesario. Esto puede conseguirse casi siempre mediante el uso de tecnologías modernas de gestión de datos, muchas de las cuales ya han revolucionado muchas áreas del comportamiento humano y están preparadas para hacer lo mismo en el campo de la medicina, incluida la cardiología.

¿Las historias clínicas electrónicas (HCE) son la elección adecuada para los cardiólogos y los especialistas vasculares?

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Las historias clínicas electrónicas (HCE) o los historiales médicos electrónicos (HME), como también se conocen, están sustituyendo gradualmente los registros médicos tradicionales en muchos centros médicos, ya que ofrecen grandes ventajas en comparación con sus equivalentes en formato papel. En primer lugar, los datos siempre tienen un formato uniforme, por lo que no existen riesgos de interpretaciones erróneas (el significado) de los datos, a diferencia de lo que ocurre con la escritura manual de muchos profesionales médicos, que resulta casi ilegible y puede conducir a la administración de tratamientos inapropiados o dañinos [11, 12, 13].

El siguiente aspecto positivo es la trazabilidad: quién, por qué y cuándo se han introducido los nuevos datos o se han modificado los datos existentes. Esto elimina la posibilidad de realizar falsificaciones intencionadas (o accidentales) de los datos y disminuye drásticamente la probabilidad de demandas por negligencia de práctica médica [14]. Las conclusiones de un estudio sobre la asociación entre el uso de HCE y los índices de demandas pagadas por negligencia de práctica médica en una clínica revelaron que los médicos que usaron las HME tenían menos demandas por negligencia de práctica médica: El 6,1 % de usuarios de HME tenían un historial de negligencia de práctica médica pagada en comparación con el 10,8 % de los usuarios que no las usaban (un aumento considerable) [15].

Algunos sistemas de gestión de HCE también tienen la opción de automatizar el flujo de trabajo y la posibilidad de configurar alertas (automáticas y predefinidas). Un estudio sobre la utilidad de las alertas de HCE para prevenir la nefrotoxicidad por fármacos identificó una mejora en los resultados clínicos de los pacientes con insuficiencia renal aguda (IRA) derivados mediante la utilización de alertas [16]. En general, las alertas computerizadas también aportan un valor demostrado en el campo de la cardiología: en un estudio, su uso se asoció con un aumento del 19 % en el uso profiláctico de anticoagulantes y una reducción del 41 % en el riesgo de sufrir trombosis venosa profunda o embolismo pulmonar en los 90 días posteriores al alta hospitalaria [17].

Debido a que los cardiólogos tienen una sobrecarga de trabajo crónica y pueden sufrir agotamiento, estas ayudas (alertas) digitales y unos sistemas de gestión de HCE bien diseñados pueden reducir su carga de trabajo, mejorar la precisión de los diagnósticos y garantizar que solo reciben a pacientes derivados que realmente requieren su especialidad [18]. Y una solución todavía mejor sería un dispositivo de diagnóstico versátil de diseño modular con compatibilidad integrada con las HCE, como MESI mTABLET.

MESI mTABLET es una plataforma de diagnóstico moderna, portátil y personalizable, formada por una unidad central (mTABLET), módulos de diagnóstico inalámbricos que pueden conectarse (con alimentación por batería para ofrecer movilidad) y el software MESI mRECORDS. Este paquete de software permite gestionar y compartir las HCE, los resultados de los diagnósticos y otros datos del paciente con las partes interesadas (que no tienen que ser necesariamente usuarios de mTABLET o mRECORDS). Además, el software es compatible con aplicaciones de diagnóstico adicionales que están disponibles en la mSTORE en línea.

Lo que resulta especialmente útil para los cardiólogos y los especialistas vasculares es la combinación de MESI mTABLET y ECG, BP o ABI (la última elección resulta especialmente útil porque puede medir la TA además del ITB), TBI y los módulos SPO2. Todas las mediciones realizadas con uno de los módulos de diagnóstico se transfieren de forma inalámbrica a mTABLET y se guardan automáticamente en la HCE del paciente examinado. Por lo tanto, el cirujano vascular/cardiólogo tiene todos los datos del paciente en mTABLET al alcance de sus manos, y está mejor equipado para poder formular un plan de tratamiento para un paciente específico o para poder tomar decisiones acertadas en casos de afecciones cardiovasculares graves que pueden poner en peligro la vida del paciente.

Un sistema de gestión de HCE bien diseñado e integrado en un ecosistema formado por dispositivos de diagnóstico interconectados que permite intercambiar datos de forma rápida y fluida entre las partes interesadas es una herramienta muy valiosa en el triage cardíaco.