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Las enfermedades cardiovasculares (ECV) tienen muchos factores de riesgo compartidos que se basan principalmente en el mecanismo central de la patofisiología específica de una enfermedad. La aterosclerosis es uno de estos mecanismos, ya que fomenta la aparición, entre otras, de la enfermedad arterial coronaria (EAC), la principal causa de mortalidad en todo el mundo, y la enfermedad arterial periférica (EAP).

La aterosclerosis, como la propia EAP, es muchas veces asintomática, y suele serlo durante un periodo de tiempo considerable. Además, resulta aparente cuando se encuentra en una fase avanzada y la persona afectada tiene paros cardíacos o accidentes cerebrovasculares. Existen métodos de diagnóstico que pueden confirmar la presencia de aterosclerosis de forma fiable y precisa, pero estos métodos no suelen usarse para la detección a gran escala de pacientes potenciales debido a su complejidad o su prohibitivo coste. Con todo, existen formas de evaluar el estado de salud cardiovascular del paciente basándose en la presencia y la gravedad de ECV que no son fatales inmediatamente. Esto se aplica específicamente a la EAP, ya que su presencia se ha reconocido como un factor importante de la salud cardiovascular general y el riesgo relacionado de mortalidad prematura [1].

¿Cuáles son los riesgos de sufrir EAP?

Los factores de riesgo de sufrir EAP son similares a los de la aterosclerosis y el tabaquismo es el factor de riesgo más importante para la EAP. Al mismo tiempo, es una causa mayor prevenible de la EAP y otras enfermedades, específicamente las ECV. Por suerte, los índices de tabaquismo se están reduciendo o se han estabilizado, pero solo en los países desarrollados: la situación es exactamente la opuesta en los países en vías de desarrollo. Naturalmente, la mejor prevención sería la abstinencia total, pero dejar de fumar a tiempo también tiene muchas ventajas y reduce enormemente (aunque gradual) los efectos negativos de muchas enfermedades asociadas al tabaquismo [2, 3, 4, 5, 6]. Paralelamente, cabe destacar que este efecto no es tan pronunciado cuando se refiere a la EAP, ya que incluso los exfumadores sufren un riesgo alto después de dejar este hábito [7].

La diabetes es otro factor de riesgo importante para la EAP; no solo por su efecto negativo global en la mortalidad relacionada con las ECV, sino por la posibilidad de confundir los síntomas de la EAP con efectos secundarios de la diabetes (por parte del paciente y del médico) [9]. La asociación entre diabetes y claudicación intermitente (el síntoma externo más típico de la EAP) sigue siendo especialmente fuerte. Es 3,5 veces más prevalente en hombres diabéticos y 8,6 veces más prevalente en mujeres diabéticas (en comparación con las poblaciones no diabéticas para cada género) [9].

Existen otros factores de riesgo importantes (modificables y no modificables) además de la diabetes, como la edad y el historial familiar. La EAP es poco común en personas jóvenes, pero el riesgo aumenta considerablemente con la edad: los estudios han demostrado que el riesgo de EAP aumenta aproximadamente de dos a tres veces por cada aumento de 10 años de edad a partir de los 40 [10]. El riesgo también es más alto en personas con historial familiar de EAP: el doble de riesgo en personas con historial familiar de la enfermedad en comparación con personas sin historial familiar [11]. Por último, el peso es un factor de riesgo importante en personas con sobrepeso y en personas de bajo peso [12, 13].

Los pacientes que entran en estas categorías deben examinarse para detectar una posible EAP por medio de la medición del ITB (índice tobillo-brazo), que es el método más rápido y práctico de examinar grandes cantidades de pacientes potenciales.