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Es posible que el corazón sea el órgano muscular más importante del cuerpo humano, pero, al mismo tiempo, es también el que más se ve afectado por la dieta seguida por una persona, los niveles de actividad física y el consumo de sustancias y hábitos nocivos, lo que desencadena una amplia variedad de patologías. La enfermedad arterial coronaria (EAC) es uno de estos ejemplos, aunque existen muchas otras enfermedades cardiovasculares (ECV) graves.

A decir verdad, la EAC es la más mortífera de todas las ECV, con 9,43 millones de muertes en 2016, mientras que el accidente cerebrovascular fue la causa de 5,78 millones de fallecimientos. El famoso cáncer ocupa el segundo lugar, con 8,96 millones de muertes en el mismo año [1].

Sin embargo, a diferencia del cáncer, que puede evitarse en el 30-50 % de los casos, hasta el 80 % de todas las ECV podrían prevenirse si se evitara el consumo de tabaco/se dejase de fumar, se adoptara una dieta saludable y se realizase ejercicio físico de forma habitual [2 y 3]. A pesar de ello, los índices de ECV siguen siendo excesivamente elevados, y los médicos, por lo general, poco pueden hacer en lo que respecta a una prevención efectiva, salvo ocuparse de diagnosticar, tratar y controlar estas enfermedades.

Además, aquellos casos en los que el mecanismo patológico subyacente es la aterosclerosis también incluyen, naturalmente, una amplia variedad de arritmias cardíacas. Al igual que muchas afecciones con etiología aterosclerótica, algunas de ellas, como la fibrilación atrial (FA), pueden ser totalmente asintomáticas (según la experiencia del paciente) y solo pueden detectarse con dispositivos de diagnóstico modernos [4].

Esto nos lleva al uso del electrocardiograma (ECG), un dispositivo de diagnóstico estándar, que está —o, al menos, debería estar— disponible en cualquier centro de asistencia sanitaria, ya que los problemas cardiovasculares son un motivo habitual para acudir a la consulta del médico [5]. Actualmente, hay disponibles muchos tipos diferentes de ECG, pero no siempre ha sido así.

Los primeros ECG eran unos dispositivos muy básicos en comparación con los estándares modernos, y su valor diagnóstico era limitado. Su historia está entrelazada con la de la ingeniería eléctrica moderna y, básicamente, se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el famoso físico y médico italiano Luigi Galvani descubrió que los músculos esqueléticos podían contraerse con la aplicación de una corriente eléctrica [6]. Medio siglo después, y tras varios descubrimientos importantes, Carlo Matteucci demostró que cada latido cardíaco está acompañado de una corriente eléctrica, aunque se tratase del corazón de una rana [7]. Aun así, este importante descubrimiento allanó el terreno para la creación del primer electrocardiograma de un corazón humano, registrado por el fisiólogo británico Augustus Desiré Waller en 1887 [8]. El primer dispositivo de ECG práctico se inventó relativamente poco tiempo después, en 1901, por el físico holandés Willem Einthoven.

Los ECG actuales son, naturalmente, mucho más fáciles de usar, están más avanzados y pueden detectar cambios en la actividad eléctrica del corazón del paciente, que pueden ocurrir por causa de arritmias, infarto de miocardio (IM), diversas medicaciones, desequilibrio electrolítico y anestesia. Los pacientes del último grupo también requieren una monitorización continua, a diferencia de los registros estándar de 10 segundos [10].

El diagnóstico preciso de la arritmia más habitual, que se estima que afectó a 33,5 millones de personas en todo el mundo en 2010, también debería llevar consigo registros del ECG de mayor duración, es decir, hasta 60 segundos [11 y 12]. Sin embargo, en la mayoría de los casos, un ECG no resulta suficiente para obtener una imagen completa de la condición física cardíaca del paciente y de los posibles problemas [13]. Un médico prudente también consideraría el resto de posibles factores de riesgo y las enfermedades comórbidas ya diagnosticadas y registradas en el historial médico del paciente, aunque dicha tarea pueda traducirse en dedicar un tiempo considerable a hojear detenidamente montañas de historiales médicos en papel e imágenes de diagnóstico. Los historiales médicos electrónicos son, en cambio, mucho más fáciles de examinar, especialmente si dicha labor puede realizarse en el propio dispositivo.

La herramienta de diagnóstico MESI mTABLET ECG

Muchos ECG modernos integran algoritmos de interpretación automática, que resultan muy útiles para los médicos de cabecera y otros especialistas, pero que no son equiparables a una evaluación realizada por un cardiólogo formado [14]. Obviamente, el especialista debe recibir los registros del ECG para poder formarse una opinión, lo que puede ocurrir demasiado tarde, ya que los historiales médicos suelen traspapelarse fácilmente. Por otra parte, los historiales médicos electrónicos pueden guardarse en el almacenamiento en la nube y compartirse fácilmente con terceros. Sin embargo, no todos los sistemas de gestión de historiales médicos electrónicos son iguales.

El dispositivo de diagnóstico MESI mTABLET ECG utiliza el sistema de uso compartido y gestión de historiales médicos electrónicos MESI mRECORDS, que ofrece unas soluciones que superan con creces a las de herramientas similares, incluido el uso compartido de datos de manera fluida con otros especialistas que pueden no ser usuarios de MESI mTABLET, pero tener acceso a un PC o a un dispositivo móvil. Dejando aparte la facilidad de uso y la gran experiencia del usuario, MESI mTABLET ECG es una herramienta de diagnóstico versátil que ofrece un funcionamiento totalmente personalizable. Desde el cambio entre filtros para eliminar diferentes tipos de interferencias hasta la adición de comentarios personales en los registros, el usuario tiene pleno control sobre el proceso de diagnóstico y puede trabajar de forma más rápida y eficaz de lo que lo haría de cualquier otra forma.

El ECG es un método de diagnóstico esencial para evaluar la función cardíaca que debería estar disponible en cualquier centro de asistencia sanitaria, pero requiere una enorme cantidad de conocimientos adicionales si se combina con otra información sobre el paciente que sea relevante desde el punto de vista médico y esté registrada en su historial médico electrónico, tal como sucede con el dispositivo de diagnóstico MESI mTABLET ECG. Entre las muchas funciones admitidas, también se encuentra el uso compartido de datos de forma fluida, que mejora considerablemente su versatilidad y abre un nuevo horizonte para la colaboración sinérgica de los profesionales sanitarios.