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Los efectos negativos de muchos de los factores de riesgo de la enfermedad arterial periférica (EAP) no solo se limitan al bienestar del paciente, sino que también pueden interferir en la obtención de un diagnóstico a tiempo de los pacientes asintomáticos, llegando incluso a evitarlo. Nos referimos a afecciones médicas, tales como la diabetes, la cual también afecta a la gravedad y a la evolución de la EAP. Estas afecciones son la causa más importante de las arterias no comprimibles en las extremidades inferiores y de las dificultades asociadas al diagnóstico de la EAP con métodos estándar.

Utilidad-del-IDB-para-diagnosticar-la-EAP

En este blog, conocerá:

  • ¿Por qué utilizar el índice dedo del pie-brazo (IDB)?
  • Diferencias entre el ITB y el IDB.
  • Utilidad del IDB en el tratamiento de la gangrena diabética.

¿Por qué utilizar el índice dedo del pie-brazo (IDB) para diagnosticar la EAP?

Existen varios métodos establecidos para diagnosticar la EAP que difieren en precisión, fiabilidad y coste, pero ninguno es tan práctico ni tan rentable como la medición del ITB. El ITB es práctico debido a su naturaleza no invasiva, mientras que su rentabilidad deriva de un procedimiento de medición relativamente sencillo, especialmente si la medición se realiza con un dispositivo oscilométrico-pletismográfico. Sin embargo, tiene un gran problema que sale a la luz en situaciones específicas: desde el punto de vista del diagnóstico, proporciona unos resultados prácticamente inútiles en pacientes con arterias no comprimibles.

Bajo el término arterias no comprimibles (calcificadas o endurecidas), incluimos las arterias afectadas por la calcificación arterial medial (también conocida como esclerosis de Mönckeberg). Estas arterias requieren presiones más altas en los brazaletes para lograr una compresión, lo que provoca resultados del ITB falsos, que son más habituales en pacientes con diabetes, insuficiencia renal y artritis reumatoide.

Un ITB alto (≥ 1,30 o 1,40) tiene un valor diagnóstico algo limitado como, por ejemplo, un mayor riesgo de infarto de miocardio (IM), pero no ofrece ninguna información sobre si el paciente examinado presenta EAP ni sobre la gravedad de la enfermedad. Por suerte, la calcificación raramente afecta a las arterias de los dedos del pie, lo que hace que sean adecuadas para medir la tensión arterial. Sin embargo, en este caso, la medición se denomina índice del dedo del pie-brazo (IDB).

¿Cuáles son las diferencias entre el ITB y el IDB?

Aparte del nombre y del lugar donde se mide la tensión arterial, la diferencia más obvia entre los dos métodos de diagnóstico es el equipo utilizado y los valores numéricos calculados a partir de las mediciones. Los brazaletes de presión son considerablemente más pequeños y tienen un sensor fotopletismográfico agregado para detectar cambios en el volumen sanguíneo. Los valores numéricos también son inferiores a los del ITB: normalmente, parten de 0,7 para personas sanas, mientras que un IDB < 0,70 suele ser indicativo de EAP. No obstante, existen similitudes con el ITB en lo que respecta a la asociación de los valores del IDB inferiores con la salud cardiovascular y general.

Varios estudios han demostrado que un IDB bajo está asociado a un mayor riesgo de ECV recurrente y a la progresión de la neuropatía diabética en pacientes con diabetes de tipo 2, y sirve incluso de pronosticador informativo de la mortalidad en los pacientes sometidos a diálisis. El IDB es, en general, especialmente adecuado para diagnosticar la EAP en pacientes con enfermedad renal en fase terminal (ERFT). Muchos de estos pacientes luchan también contra una dolorosa ulceración (contraindicada para una medición del ITB), al igual que ocurre con otros enfermos con diversas afecciones, como la diabetes, la cual tiene muchas complicaciones graves, tales como la gangrena diabética. Como ocurre con casi todas las afecciones vasculares que amenazan la viabilidad de las extremidades, resulta difícil de tratar, especialmente si el paciente sufre una EAP subyacente. Diseñar un régimen de tratamiento adecuado para estos pacientes puede ser complejo, pero también puede resultar más fácil con el uso del IDB.

¿Es el IDB útil para diseñar un programa de tratamiento para la gangrena diabética?

La relación de la EAP con la diabetes mellitus y la sinergia mutuamente destructiva ha sido amplio objeto de investigación, por lo que no necesita una introducción adicional. No obstante, muy pocos estudios han hecho referencia a la usabilidad de los métodos de diagnóstico rentables para la EAP, como el ITB y el IDB, a la hora de diseñar y orientar regímenes de tratamiento para abordar las complicaciones de la diabetes como, por ejemplo, la gangrena. Uno de esos pocos estudios se llevó a cabo en Corea y englobó a 15 pacientes (12 hombres y 3 mujeres, sumando una totalidad de 30 extremidades) con gangrena diabética o claudicación intermitente para valorar la utilidad del IDB a la hora de evaluar la EAP en dichos pacientes.

Los investigadores descubrieron que el IDB era el método elegido para evaluar trastornos de perfusión de las extremidades inferiores, por encima del ITB. Y, lo que es más, algunos pacientes tenían una puntuación del ITB normal, pero una puntuación del IDB bajo, por lo que la EAP se confirmó mediante una angiografía. Si no se hubiera llevado a cabo la medición del IDB, se habrían clasificado como pacientes sin presencia de EAP y no habrían recibido un tratamiento adecuado. De ocho de ellos, dos tuvieron que someterse a un injerto de piel y uno, a revisión de heridas, mientras que el resto sufrió la amputación de una o dos articulaciones.

Por lo tanto, un ITB normal no es el mejor indicador de estado de la EAP, especialmente en pacientes que pueden padecer de arterias no comprimibles. A estos pacientes se les debe realizar un seguimiento con una medición del IDB para confirmar o descartar cualquier sospecha, o deben ser derivados a un especialista vascular para obtener un diagnóstico adicional. La medición consecutiva del ITB y del IDB tiene también otras ventajas, tal como destacaron los investigadores. Estos métodos han desarrollado un algoritmo de tratamiento que permite detectar más rápido la EAP en pacientes con gangrena diabética.

En primer lugar, se mide el ITB de un paciente y, si es inferior a 0,9, se deriva al paciente a un especialista vascular para recibir tratamiento. Si la puntuación del ITB está comprendida entre 0,9 y 1,3 (valores normales) o es superior a 1,3 (arterias no comprimibles), se lleva a cabo una medición del IDB. Un IDB de al menos 0,6 indica problemas de perfusión no significativos y la necesidad de que el paciente reciba únicamente tratamiento de heridas. Por el contrario, un IDB inferior a 0,6 indica una angioplastia como prerrequisito para el tratamiento de heridas.

LEl IDB es la única alternativa adecuada al ITB, en términos de comodidad y rentabilidad comparables, en pacientes con arterias no comprimibles, y tiene aplicaciones que van más allá del diagnóstico de la EAP.

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